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La energía biodegradable busca el impacto cero

El plástico es uno de los grandes enemigos del medio ambiente y desde hace años se buscan sustitutos ecológicos a través de la energía biodegradable. A base de productos vegetales se han conseguido películas de plástico para bolsas o envases, pero su aplicación al mundo tecnológico sigue siendo complicada.

Y es que la integración de componentes electrónicos dificulta el proceso, ya que todavía no se ha conseguido que estos componentes también sean biodegradables. Tirando de ingenio lo máximo que se ha conseguido son dispositivos híbridos.

Hoshino, por ejemplo, ha fabricado un dispositivo USB casi biodegradable. Bautizada como FD-300, esta memoria USB ha sido fabricada con maíz (detalle que explica el por qué de su simpático diseño). El problema es que para poder biodegradarla hay que mantenerla durante diez días en hornos especiales, lo que no parece muy sostenible.

Así pues, la energía biodegradable sigue buscando soluciones para las nuevas tecnologías. En el segmento de los teléfonos móviles la investigación está siendo compartida por diseñadores, científicos y artistas.

El diseñador holandés Gert-Jan Van Breugel utilizó bambú para crear su teléfono biodegradable y colocó semillas en su interior. Al acabar su vida útil, sólo hay que retirar batería, antena y circuitos, para poder plantarlo y conseguir otra planta de bambú.

Otro ejemplo de lo que puede hacer la energía biodegradable nos lo da el japonés Daizi Zheng. Su prototipo ha sido diseñado para Nokia y sustituye la batería tradicional por otra ecológica que se recarga con los hidratos de carbono de las bebidas azucaradas.

Imagen: hoshino.hk

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